Nuestros fundamentos en la cultura humanista II

Alfonso de ValdésEn la misma época y en España, Alfonso de Valdés, al quien últimamente se le atribuye la autoría del “Lazarillo de Tormes”-, escribió una obra que tituló “Diálogo de las cosas acaecidas en Roma”. Eran momentos de una España en la que estaba en plena pujanza del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, por lo que Valdés se difundió sólo en copias manuscritas.

En esa obra, Valdés insiste en la corrupción dominante en la Roma papal de la época renacentista. Para tener una idea más actual de la situación que allí se describe, proponemos sustituir donde dice “clérigos”, por ejemplo, por “casta política”, y donde se refiere a Roma, podéis poner –por ejemplo- el nombre de vuestro municipio:

Se refiere a Roma, tan llena de vicios, de tráfagos, de engaños y manifiestas vellaquerías. Aquel vender de officios, de beneficios, de bulas de indulgencias, de dispensaciones, tan sin vergüença, que verdaderamente parecía una irrisión de la fe cristiana, que los ministros de la Iglesia no tenían cuidado sino de inventar maneras para sacar dineros.(…) y “…en tanta multitud de clérigos mancebos, que toman las órdenes más por avaricia que por amor de Dios…” (…) “Si yo me casasse, sería menester que viviese con mi mujer, mal o buena, fea o hermosa, todos los días de mi vida o de la suya. Agora, si la que tengo no me contenta esta noche, déxola mañana y tomo otra. Allende esto, si no quiero tener mujer propia, quantas mujeres ay en el mundo hermosas son mías, o por mejor decir, en el lugar donde estoy. Mantenéislas vosotros y gozamos nosotros dellas (…) a la fin nosotros somos hombres y Dios es misericordioso” argumentaba el clérigo Arcediano del Viso en Valladolid a su interlocutor seglar.

Alfonso de Valdés murió joven, en 1532, víctima de la peste. En vida había sido Secretario de Cartas Latinas de Carlos V, imbuido de un profundo humanismo y un talante conciliador frente a la situación religiosa creada en 1517 por Lutero, que quizás hubiese podido jugar un papel muy importante en el devenir de la cultura europea y, también las tierras del Nuevo Mundo recién conquistadas, si no fuera porque su ascendencia judía y varias coyunturas desfavorables frustraron su sucesión en el cargo de “Gran Canciller” de Carlos V, hasta entonces ocupado por Gattinara.

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